La cisterna basílica, un tesoro bajo Estambul

12 abril 2017



Caminando por las calles y plazas de la ciudad de Estambul lo más probable es que la vista se pierda entre la infinidad de minaretes, antiguos edificios, puestos de todo tipo con los objetos y alimentos más variopintos o en el simple discurrir de los atareados comerciantes turcos, e incluso en pleno cuerno de oro la situación se complica todavía más, pues tendremos que elegir entre mirar hacía la gloria de Hagia Sophia o decantarnos por el arte de la mezquita Azul. En todas estas situaciones hay un común que la mayoría pasará por alto, el no preguntarnos que existe bajo nuestros pies, que puede llegar a ser igual de maravilloso o incluso más que lo que está sobre ellos. Ejemplos de esto son las ruinas del circo máximo o las viejas cisternas construidas por los bizantinos.


Cisterna basílica de Estambul


Entre estas últimas, la más relevante tanto por su tamaño como por su belleza es la conocida popularmente como Cisterna Basílica o Gran cisterna, que podría llegar a rivalizar con los encantos de su vecina Santa Sofía si no estuviese tan escondida. Inicialmente fue creada bajo el mandato de Constantino, aunque su aspecto final se lo debemos a Justiniano, quien en el siglo VI la reformó y amplió. El nombre viene heredado de la antigua plaza bajo la que se encontraba.


Cisterna basílica de Estambul


Hasta la llegada de los otomanos constituyo una de las principales reservas de agua de la ciudad, e incluso al principio de su mandato el “Yerebatan Sarayı(en turco palacio sumergido) se siguió utilizando para abastecer al palacio Topkapi. Sin embargo los musulmanes preferían el agua en movimiento, por lo que a finales del siglo XV cesó su uso oficialmente, cayendo paulatinamente en el olvido. 


Peces en la gran cisterna de Estambul


Durante años los relatos sobre pozos escondidos bajo las casas se propagaron por Estaumbul, afirmando incluso que en las proximidades de Hagia Sophia se podían sacar peces. Estas historias no tardaron en llegar a oídos de los curiosos, en concreto del francés Petrus Gyllius, quién se atrevió a introducirse en la famosa cavidad redescubriendo la cisterna. Pese a esto su condición no mejoró, llegando a ser usada como basurero o incluso almacén, hasta que con el paso de los siglos y tras varias reformas se decidió habilitar para ser visitada inicialmente en barca, como podemos comprobar en la película de James Bond “Desde Rusia con amor” (1963). Finalmente se optó por limpiarla completamente (se extrajeron 50.000 toneladas de lodo) y se construyeron pasarelas entre las columnas. 


James Bond en la gran cisterna de Estambul
Fotograma de la película "Desde Rusia con amor"


Al adentrarnos en ella lo primero que llamará nuestra atención serán sus dimensiones, dignas de un palacio o una catedral, con todo un bosque de columnas (336 en total) sustentando la estructura. Fueron traídas desde distintas partes del imperio, procedentes de templos paganos o edificios derruidos, para ser reutilizadas en la construcción de este nuevo proyecto. Otro de los elementos más destacados es la famosa cabeza de medusa colocada boca abajo, para contrarrestar su mirada según algunos o por motivos arquitectónicos con mayor probabilidad. 


Cabeza de medusa en la gran cisterna de Estambul
Con la cabeza de medusa en mi primera visita a la gran cisterna


La tenue luz rojiza que ilumina el interior de la cisterna Basílica nos invita a recorrer cada uno de los rincones, perdiéndonos entre las milenarias columnas, imaginando como fueron los tiempos de gloria de uno de los mayores imperios que ha conocido la humanidad y cuyo legado ha conseguido perdurar hasta nuestros días. 


Gran cisterna de Estambul


Cisterna basílica de Estambul

Cisterna basílica de Estambul

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