La gloria del castillo de Matsumoto

04 mayo 2017



En el pasado los castillos japoneses se ubicaban en las ciudades más importantes de las distintas regiones que formaban el país, constituyendo centros de poder donde los daimios (señores feudales) concentraban sus tropas, organizaban sus recursos y defendían sus territorios. En caso de ataque estos eran el último reducto, con su torre principal como línea defensiva final, pudiendo decidir las batallas hacia la victoria o la deshonra más absoluta con las consecuencias que en muchos casos esto tenía; la muerte por “seppuku” o “harakiri”, es decir, el suicidio ritual. 


Castillo de Matsumoto


Tras guerras, incendios, terremotos y otros desastres la mayoría de las fortalezas niponas se perdieron, siendo muy pocos los originales que han aguantado hasta nuestro días y representan auténticos tesoros nacionales, como es el caso del castillo de Matsumoto. El resto por suerte no fueron olvidados, pues muchos se han recuperado en tiempos modernos en forma de reconstrucciones que imitan la estructura, al menos exterior, que tuvieron en el pasado.

Desde que dimos nuestros primeros pasos por Japón, lo más próximo a un fortificación que habíamos podido visitar eran las ruinas del antiguo Edo-jo (terminación que significa castillo), emplazadas en los jardines del Palacio Imperial de Tokio. Aprovechando nuestra primera excursión fuera de la capital, tras haber visitado el magnífico templo Zenko-Ji de Nagano y sin necesidad de salir de esta prefectura, tomamos un tren hacia la cercana ciudad de Matsumoto con el fin de visitar su castillo y quitarnos de una vez la pequeña espinita que teníamos clavada desde hace unos días. 


Con el castillo de Matsumoto de fondo


Lo primero que hicimos nada más llegar fue reponer fuerzas a base de unos fideos locales con toques de montaña que estaban exquisitos y nos hicieron entrar en calor. Plenamente reconfortados nos dirigimos hacia el castillo de Matsumoto, también conocido como castillo de los cuervos (al igual que el de Okayama) por su color negro exterior.


Castillo de Matsumoto

Su fundación se remonta al año 1504 cuando fue conocido como el castillo Fukashi. Aunque fue construido durante el periodo de guerra civil entre clanes conocido como era Sengoku (1467 – 1603), la obra no se completó hasta finales de siglo bajo el mandato de clan Tokugawa, que finalmente se hizo con el poder del país dando inicio a la era Edo. Durante esta época fue gobernado por los miembros de esta familia hasta que en el año 1868, una vez devuelvo el poder al emperador durante la Restauración Meiji, cesó su uso y se vendió en subasta pública, corriendo el riesgo de desaparecer para siempre al igual que otras estructuras que habían estado ligadas al Shogunato.



Castillo de Matsumoto en el siglo XIX


Otro de los problemas a los que tuvo que enfrentarse en esta etapa está relacionado con la inclinación y hundimiento que empezó a sufrir la estructura, pues el castillo fue construido sobre un terreno pantanoso. La solución a ambos quedó en manos de los habitantes de Matsumoto, logrando salvarlo gracias al amor que procesaban hacia este vecino que llevaba entre ellos tanto tiempo.


Restauración del castillo de Matsumoto
Restauración del castillo de Matsumoto a principios del siglo XX

Cuando por fin llegamos al recinto lo primero que nos llama la atención es el concepto de castillo japonés, completamente diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en Europa, pues no solo cambia la piedra por madera como material principal, sino que bien podría tratarse de un palacio si no fuese por las medidas defensivas de las dispone. La estructura de la torre principal, asomándose hacia el profundo foso que la flanquea y destacando por encima del resto de edificios, es magnífica, intercalándose las plantas con los tejados como si de una especie de pagoda se tratara, aunque sin duda la parte más bucólica es el observatorio de la luna (Tsukimi Yagura) que da a la cara posterior. 


Torre principal y observatorio de la luna del castillo de Matsumoto
Vista del observatorio de la luna en la parte posterior

Sorteamos los muros y las puertas principales y accedemos al interior. Todas las estancias son de madera, preservando los elementos originales de su construcción, incluidas las medidas defensivas como las trampillas para lanzar rocas al invasor en caso de que se encontrase próximo o las rendijas de las ventanas, suficientemente amplias como para facilitar la labor de los arqueros. Cada una de las plantas alberga algunas vitrinas que recogen elementos de la historia del castillo, a excepción de la última desde la que podemos disfrutar de una vista maravillosa de los alrededores. 




Gracias al esfuerzo que se hizo por salvarlo de la ruina, el castillo de Matsumoto es en la actualidad uno de los más bellos de todo Japón, además de acercarnos al medievo nipón de la forma más fidedigna. Todo el conjunto respira historia por los cuatro costados y nos traslada a una época que marcó el destino de un país.


Patio interior del castillo de Matsumoto

Si queréis saber más sobre el castillo de Matsumoto o incluso realizar una visita virtual a su interior os recomiendo echar un vistazo a su página oficial. La visita a este tesoro nacional es más que obligatoria si tenemos la posibilidad. Además, al igual que hicimos nosotros, se puede combinar muy bien con Nagano para hacer una excursión de un día desde Tokio. ¡No lo dudéis!


Castillo de Matsumoto

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